Eliminar las harinas de nuestra alimentación, ¿sí o no?

“Dejé las harinas” es la frase que escuchamos con mayor frecuencia cuando alguien tiene como objetivo lograr un descenso de peso corporal.
Como si por arte de magia, el excluirlas de nuestra alimentación solucionara la malnutrición por exceso, el sobrepeso y la obesidad. Si esta regla en realidad fuera tan efectiva, no tendríamos las cifras de obesidad que existen actualmente y lamentablemente siguen en aumento, tanto a nivel mundial como en nuestro país.
Entonces podríamos plantearnos la siguiente pregunta, ¿es realmente necesario quitar las harinas de nuestra alimentación diaria para perder peso?
La respuesta es clara. Eliminarlas no garantiza un descenso de peso corporal ni tampoco es necesario. Lo que cobra mayor relevancia al momento de lograr tener una alimentación saludable y balanceada junto con una reducción del peso (si es lo que se quiere conseguir) es cuidar la cantidad y calidad de lo que consumimos. En otras palabras, no es necesario descartar un grupo de alimentos por completo, en este caso las harinas, para lograr un déficit de calorías. Esto se puede lograr, por ejemplo, simplemente reduciendo el tamaño de las porciones de nuestros platos en lo cotidiano.
Las harinas representan una fuente importante de energía y otros nutrientes fundamentales para nuestro organismo. Al consumirlas, es importante tener en cuenta el tipo que elegimos, la cantidad que ingerimos y con qué otros alimentos las acompañamos.
En lo posible, sugerimos siempre optar por harinas integrales ya que se mantienen todas las capas del grano entero con todos sus nutrientes. Si bien desde el punto de vista del valor calórico es similar a las refinadas, tienen más cantidad de fibra (y micronutrientes) que brindan mayor grado de saciedad. Es decir, eligiendo harinas integrales tendremos la sensación de estar satisfechos con menos cantidad de alimento, además de retrasar la sensación de apetito para el próximo tiempo de comida.
Controlar la cantidad puede parecer lo más difícil, pero si preferimos harinas integrales y mantenemos el hábito de combinarlas siempre con medio plato de verduras en almuerzos/cenas y con frutas frescas en desayunos/meriendas se vuelve más fácil.
Recordemos siempre que, no se trata de erradicar ningún grupo de alimentos, si no de aprender a elegir, prestar atención al cuánto y con qué otros alimentos las consumimos.