El rechazo al alimento en los niños… ¿Es normal? ¿Qué hacer y qué esperar?

¿Por qué mi hijo “no me come” frutas y verduras? ¿Por qué si antes comía de todo ahora no quiere comer nada? ¿Por qué mi hijo se niega a probar verduras? ¿Es verdad que si prueba le da nauseas como dice? Mi hijo no quiere comer fruyas y verduras… ¿Qué hago?
Estas y muchas otras preguntas seguro nos la hicimos a nosotros mismos en algún momento (aunque creíamos que a nosotros nunca nos iba a pasar), o las escuchamos de alguien cercano que estaba teniendo dificultades con la alimentación de sus hijos.
¿Qué hay detrás del rechazo a ciertos alimentos en lo niños?
El fenómeno se conoce como “neofobia alimentaria” que sería “miedo a probar alimentos nuevos”. Es un trastorno restrictivo de la alimentación que principalmente se presenta en la infancia. Los expertos lo consideran un comportamiento “habitual” entre los 2-6 años, aunque todos los niños son distintos y no todos van a llegar a presentar neofobia alimentaria ni de la misma forma.
¿Por qué se presenta? Es posible que tenga un origen en nuestra propia evolución.
Los seres humanos desarrollamos en su momento un mecanismo de supervivencia, que nos disuadía de comer alimentos nuevos en edades tempranas por miedo a que resultaran tóxicos. Las papilas gustativas se “cierran” cuando comenzamos a andar. De ahí que nos volvamos más recelosos con la comida. Entonces, cuando un niño se niega a probar algún alimento, en parte puede estar respondiendo a su instinto.
El periodo de aparición de la neofobia suele ser alrededor de los 2 años, y se puede alargar hasta los 5-7 años. Esto nos desconcierta más cuando un niño que venía comiendo de todo hasta entonces, de pronto no quiere comer.
Cuando hablamos de alimentos nuevos, lo nuevo puede estar en el modo de su presentación, su textura, puede ser un alimento completamente nuevo para ellos o una alimento ya conocido y aceptado pero que se haya vuelto nueva su manera de percibirlo… y ahí es cuando surge ese “no”.
Ante ese “no” en las comidas, estresarnos nosotros, transmitirles estrés a ellos, enojarnos, amenazarlos, ponerlos en penitencia o negociar con los alimentos solo va a empeorar la situación. Es importante recordar que las neofobias alimentarias son algo habitual y lo mejor es normalizarlo, entender que esto se trata de una etapa que tarde o temprano va a pasar es fundamental para mantener la armonía en el entorno de la mesa familiar.
La neofobia, además, es generalizada a dos grupos de alimentos identificados por los humanos como “sospechosos”, la verdura y la fruta, siendo los colores que más rechazo nos producen el verde y el rojo.
Esto tiene una explicación científica, y es que hasta los 2-3 años no se produce la aceptación total de los sabores amargo y salado. Las papilas gustativas no están totalmente desarrolladas, y por ello cualquier alimento que se salga de su umbral de sabores aceptados va a ser rechazado. Por el contrario, con alimentos dulces es muy raro que se produzca neofobia. Es por ello que la mayoría de alimentos preparados para niños contienen altas dosis de azúcar.
A pesar de que la neofobia es algo normal en el desarrollo del niño que se supera con el tiempo, una alimentación completa y variada es fundamental para mantener un buen estado de salud, y podemos intentar ciertas medidas para que esta etapa pase con mayor facilidad, como por ejemplo:
- Intentar varias veces.
- Evitar la ingesta excesiva de leche o de bebidas azucaradas, ya que limitan el apetito y contribuyen a la neofobia.
- Intentar no prestar demasiada atención a su rechazo, no mostrarle demasiada importancia, intentar normalizarlo.
- No obligar ni forzar a un niño a terminar un plato de algo que rechaza (esto puede generar aún más rechazo). Esperar al menos 2 o 3 dias para volver a ofrecerlo.
- Intentar generar experiencias positivas con los alimentos rechazados (cocinar juntos, contar una historia, decorar el plato).
- Las temperaturas extremas suelen no ser bien recibidas por lo niños, ofrecer alimentos a temperaturas templadas evitando los alimentos muy calientes o muy fríos.
- No recompensar con dulces u otras comidas. Naturalizar el hecho de probar alimentos nuevos sin negociaciones, presiones ni recompensas.
- Que vean que lo ellos comen, nosotros también lo comemos y lo disfrutamos.
La alimentación de los niños es muy importante, y como lo enfrentamos es fundamental para ellos. Es difícil para todos, pero intentar no estresarse si un niño no quiere comer, tomarse unos segundos, relajarse y divertirse enseñándole a comer es la mejor receta.